La cólera, la desinformación y el comercio en Veracruz

Julio 2015

Beau Gaitors e Christopher Willoughby, de la Universidad Tulane (EEUU), exploraron las repercusiones epidemiológicas de las relaciones de Veracruz con el resto de las Américas. Foto: Vinicius Pequeño/Fiocruz.

Beau Gaitors e Christopher Willoughby, de la Universidad Tulane (EEUU), exploraron las repercusiones epidemiológicas de las relaciones de Veracruz con el resto de las Américas. Foto: Vinicius Pequeño/Fiocruz.

Los investigadores Beau Gaitors y Chris Willoughby, de la Universidad Tulane, en Nueva Orleans (EEUU) abordaron el problema comercial y sanitario enfrentado por Veracruz en el siglo 19 durante el taller Enfermedades Tropicales en Latinoamérica y el Caribe: Una Perspectiva Histórica, realizado por Fiocruz entre los días 1-3 de julio.

En la presentación Epidemia del comercio: enfermedad y comercio en la post-independencia de Veracruz, los investigadores relataron cómo la ciudad era crucial para el comercio debido a la circulación portuaria y por el intercambio de sus productos con el mundo. Sin embargo, existía el miedo de la propagación de enfermedades: principalmente la cólera y la fiebre amarilla.

Según los investigadores, la mayoría de las fuentes sobre la enfermedad apuntan hacía la península de Yucatán, contrariando la “posición significativa de Veracruz”. Gaitors y Willoughby analizaron conexiones políticas, la circulación del conocimiento y el comercio en la ciudad y sus nexos más amplios con los vecinos atlánticos, a partir de la epidemia de cólera de 1832-1833.

La ciudad representó la puerta de entrada al recién independiente México, no apenas respecto a las mercadurías, sino también a las molestias de la época. Veracruz compartió sus características culturales con otras zonas portuarias, incluyendo Nueva Orleans y Charleston (EEUU), Havana (Cuba) y Havre (Francia), mientras que la enfermedad cobraba fuerza debido a la navegación por el Atlántico. Entre las medidas de combate, estaban la cuarentena, limpieza de calles y la búsqueda por la cura a la enfermedad.

Primeras señales del brote de cólera

En la primera década de la independencia mexicana (a partir de 1810), seguidores de los partidos Liberal y Conservador trabaron una guerra civil por el control del país. Algunos de los participantes más poderosos eran de Veracruz. En 1831, las batallas se intensificaron, iniciando un movimiento por el fin del conflicto. Eso no ocurrió debido a las conversaciones de paz o por la victoria de uno de los lados: la interrupción fue causada por la acción de las bacterias llevadas a la zona portuaria. Al año siguiente rumores de un brote de cólera en el puerto de Veracruz fueron relatados por medios mexicanos.

De acuerdo con los investigadores, las autoridades y los medios de comunicación rápidamente se movilizaron para censurar las noticias. Para proteger el comercio o por legítimo desconocimiento, algunos autores trataron el problema como un gran brote de disentería, indicando incluso otras enfermedades. Gaitors y Willoughby subrayaron que la confusión era típica de la época, explicando que la historia de la cólera registra la dificultad de los médicos de diferenciarla de la disentería y otras enfermedades.

Había un gran temor que la enfermedad llegase a Estados Unidos, aunque no tan devastadoramente como había sido en el otro lado del Atlántico. Los puertos podían facilitar la entrada a partir de las rutas comerciales del Caribe. La discusión puso de relieve el encogimiento del mundo en el siglo 19, haciendo que la cólera y otras epidemias se volviesen catalizadoras para la creciente conciencia de la vida, la muerte y la política en puertos atlánticos.

Para demostrar la preocupación de los medios con la situación en Veracruz y otros puertos del Caribe, la dupla de investigadores citó al historiador Christopher Hamlin: “más que cualquier otra enfermedad infecciosa, la cólera aproximó al mundo. El destino de todos puede estar en las entrañas de cualquiera”. En la evaluación de Gaitors y Willoughby, brotes de cólera en puertos como Veracruz promovieron un efecto dominó en la economía comercial del Atlántico.

Hubo reducción de un octavo a un cuarto de la población local, según los medios de comunicación en 1832. Mientras tanto, ningún órgano de la prensa informó explícitamente que apenas la muerte causó esa reducción de la población . Como era una ciudad portuaria, Veracruz era un espacio transitorio con fluctuación poblacional, dependiendo de la época del año, del clima y de otros factores, incluyendo brotes de enfermedades.

Para Gators y Willoughby la ciudad mexicana ilustra específicamente la navegación por el Océano Atlántico, que pone de relieve la necesidad de integrar las historias de comercio, circulación de saberes, migración y enfermedades. Según los investigadores, el comercio representó riqueza, poder político y heterogeneidad cultural, así como la muerte. Cuando la enfermedad atingió puertos como Veracruz “generó un problema en el Atlántico, y más que cualquier otra epidemia del siglo 19, la enfermedad representó el surgimiento de la cultura de la salud en la región como un conjunto compartido de esperanzas y temores”, concluyeron.

Fuente: Casa de Oswaldo Cruz

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