Colombia y la instrumentalización de la pandemia de COVID-19

21 de julio de 2020

Sección Coronavirus and History

Jorge Márquez Valderrama y Cristian Camilo Rojas Obando | Universidad Nacional de Colombia*

“Colômbia relata primeiros casos de coronavírus entre povos indígenas” Foto: Carlos Eduardo Ramirez / Agência Brasil

La mortalidad por Covid-19 ha sido mucho menor en países que, antes de la pandemia, habían consolidado un adecuado presupuesto para la salud pública, adoptado prontamente medidas preventivas y acondicionado los espacios de las unidades de cuidados intensivos para contar con equipos idóneos, de manera que los profesionales de la salud pudieran ejercer su trabajo de manera eficaz, como es el caso de Alemania y Corea del Sur. Sin embargo, en países como Italia, España, Inglaterra y Estados Unidos, la parsimonia en la prevención y contención tuvieron como consecuencia el aumento inusitado del número de contagios y de muertos.

Debido a que la pandemia en América Latina se manifestó con retraso respecto a varios países europeos y asiáticos, y al observar la acelerada propagación del virus, en algunas ciudades de la región las autoridades evaluaron prontamente la eficacia de las medidas preventivas y de contención adoptadas por otros países para limitar y bloquear el contagio. En Colombia, al estimar las posibles repercusiones económicas y sanitarias de un posible brote y considerando la penuria en infraestructura y en personal médico para atender a los contagiados, algunos mandatarios locales iniciaron campañas de información acerca de la transmisión del virus SARS-CoV-2, incluso antes de que se manifestara el primer caso, que se anunció el 6 de marzo pasado.

La cuarentena y las medidas de aislamiento fueron respetadas en el ámbito nacional al menos desde el 23 de marzo, pero a comienzos de junio, el Gobierno nacional, debido a presiones de los gremios comerciales, flexibilizó las medidas sanitarias, anunció mensajes triunfalistas a la población y produjo confusión con respecto a las medidas de aislamiento. En ese momento apareció la llamada “cuarentena a la carta” de la que se habla en redes sociales. Se llegó incluso a decretar la apertura de centros comerciales para hacer efectiva una medida fiscal demagógica prometida meses atrás: la de permitir tres días del año de ventas sin impuesto de valor agregado en ciertos productos (sobre todo electrodomésticos importados). Lo singular es que esos tres días fueron precisamente fijados como viernes en plena cuarentena, lo que aumentó las cifras de contagios desde el 19 de junio, el llamado sarcásticamente “Covid-friday”.

Con respecto a la pandemia, el Gobierno colombiano se ha caracterizado sobre todo por aprovecharla para favorecer a los grandes grupos económicos y al sector financiero, mientras que la población general ha quedado librada a su propia suerte en un confinamiento imposible de cumplir sin apoyo ni protección. Y aunque al comienzo (marzo-abril) en algunas ciudades se respetaron las medidas de cuarentena, en los sectores populares la infracción de las normas ha sido una expresión del escepticismo colectivo y de la resistencia a que la pandemia interrumpa las actividades informales de sustento diario.

Una actitud común de los gobiernos en Colombia ha sido la de despreciar la opinión de los científicos. Esta se ha acentuado en el siglo XXI, cuando el neoliberalismo se convirtió en la lógica orientadora de lo económico, lo político y lo moral. Muestra de ello es el endeble “gasto en investigación y desarrollo” de Colombia con respecto a su PIB (el dato más reciente del Banco Mundial, 2018, es 0,237%). Esta enjuta inversión ha caracterizado el devenir del país, pero también es indicio de la indiferencia de las élites respecto a la educación y a la investigación, y al bienestar que aportarían a las comunidades.

Mientras que el Gobierno nacional adoptó la medida de la cuarentena, más por presión de mandatarios locales que por propia iniciativa, varios expertos del país (Mario Hernández, coordinador del doctorado de Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia; Hernando Nieto, expresidente de la Asociación Colombiana de Salud Pública; César Burgos, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas) (Hernández y Restrepo, 2020) aprueban el aislamiento preventivo general y las medidas de descontaminación permanente como la estrategia idónea para disminuir las pérdidas de vidas. Ponderan esas medidas como el medio para evitar el colapso del deficiente sistema de salud colombiano, caracterizado por la reducción de su presupuesto aunado a una delegación en las administraciones locales de la responsabilidad social con los más vulnerables. La precariedad de los servicios de salud y su privatización (iniciada por la ley 100 de 1993) constituyen la dificultad estructural para la atención, no sólo de los casos urgentes de afecciones pulmonares por Covid-19, sino también de muchas otras enfermedades.

Así como las respuestas y los efectos de la pandemia han sido diferentes en cada país, también lo han sido las formas en que se los instrumentaliza.

Instrumentalizar una epidemia

Para describir los principios de las formas de sociedad en la modernidad, Byung-Chul Han utiliza las nociones de negatividad y positividad. Separa el modelo biopolítico, negativo, correspondiente a las sociedades disciplinares del modelo psicopolítico, característico de las actuales sociedades del rendimiento, orientadas por el principio de la positividad. Para él, este último principio, heredero de los discursos del management y de la psicología positiva, es el que se instaló como la forma óptima de valorar la experiencia social e individual y sus padecimientos. Sin embargo, esta disyunción no se ha traducido en el desplazamiento diacrónico de un modelo hacia el otro. Ambos coexisten, como es evidente en el reforzamiento del positivismo de la “salud mental” y en las medidas biopolíticas de aislamiento y distanciamiento físico.

Aunque la nueva pandemia puso a trastabillar este esquema dual, él permite una reflexión crítica sobre la instrumentalización de las epidemias, tomando como país de referencia Colombia, donde también vivimos los acontecimientos propios de la coyuntura derivada de la propagación del SARS-CoV-2: distanciamiento físico llamado “distanciamiento social” porque limita las oportunidades de socialización en espacios públicos; restricción en la enseñanza presencial; mediatización del miedo al contagio; incertidumbre frente al retorno al espacio público y a la economía derivada de la vida nocturna. Sin embargo, desde diferentes esferas (gubernamental, empresarial, educativa) se ha enunciado y promovido una instrumentalización positiva, según la máxima “De las crisis surgen nuevas oportunidades” en múltiples facetas (económica-financiera, cotidiana, educativa, ecológica). Una de las reacciones colectivas frente a las consecuencias de la Covid-19 ha sido buscar y ponderar su impacto positivo, de ahí las valoraciones del conjunto de circunstancias sociales que produce la pandemia en cada contexto espacio-temporal como oportunidades favorables.

Esta valoración difiere de las concepciones negativas de la instrumentalización de la epidemia, ya sea en su forma peyorativa que adjetiva como “oportunista” el acto mismo de instrumentalizar, ya sea la enunciada por discursos conspirativos que señalan a gobiernos, grandes industrias o individuos ricos como artífices de circunstancias sociales y mediáticas para su beneficio particular, y que conllevan efectos funestos para la sociedad; pero que también especulan sobre los resultados contingentes de la pandemia: cambios en los polos del poder global, aumento de la desigualdad económica, radicalización de la vigilancia y el control social y corporal.

Varios ejemplos ilustran la instrumentalización de la pandemia por Covid-19 en Colombia.

En la esfera empresarial

En contraste con el momento anterior a la llegada de la Covid-19 y la aplicación de las medidas preventivas y de contención, uno de los efectos de la cuarentena obligatoria generalizada ha sido la disminución de las ganancias de diversas empresas e industrias.

A pesar de las estrategias financieras adoptadas en Colombia (créditos y congelación de deudas a empresarios y empleados), la cifra de desempleo se incrementó en el mes de mayo en un 21,4 % (DANE, 2020). La disminución de los niveles de producción y de consumo debido al confinamiento causó el cierre de numerosas pequeñas y medianas empresas (PYMES), muy dependientes del contacto directo con los clientes y proveedores y que, además, no lograron adaptar sus actividades comerciales a la virtualidad. Estas empresas tampoco pudieron proporcionar a sus empleados la remuneración económica que garantizara la subsistencia durante el confinamiento. Este panorama de pausa de las actividades productivas y recortes de personal provocó el incremento de la incertidumbre sobre la posición del empleado y la constante preocupación por el sustento económico diario que derivó en el incremento de los niveles de estrés, ansiedad y depresión.

Sin embargo, desde la esfera empresarial se ha promovido una concepción optimista de las consecuencias de la pandemia, y se ha instrumentalizado la coyuntura según la consigna: “una oportunidad para emprender, innovar, invertir y reinventar”. Con esta concepción han emergido nuevos emprendimientos y varias empresas han modificado sus productos, sus formas de distribución y sus segmentos de mercado. Aunque numerosas pequeñas empresas fracasan, hay otras que han aumentado su margen de las concepciones negativas de la instrumentalización de la epidemia (al igual que sus inversores) precisamente como consecuencia de la pandemia.

En la esfera educativa

La medida de la cuarentena ha propiciado la expansión de la cibercultura en establecimientos que apenas la conocían o se resistían a ella. Esta ha sido concebida como la cultura surgida a partir del uso de las redes informáticas para la comunicación, el entretenimiento y el mercado electrónico. Sin embargo, un impacto de la pandemia y una consecuencia del confinamiento ha sido el incremento del uso de tecnologías de la información y la comunicación para realizar clases, conferencias y formalidades administrativas.

En la esfera educativa, en Colombia, se optó por no suspender totalmente las actividades y usar las posibilidades de la comunicación remota en tiempo real y en interacción asincrónica. Las directivas de universidades predican que la pandemia y el confinamiento permiten que le demos una oportunidad a la “experiencia digital”, que aquello que imaginábamos como el porvenir de las formas de enseñanza-aprendizaje se ha puesto en marcha; es el momento de acelerar los procesos de digitalización y mediación educativa a través de plataformas virtuales.

Esto supone un imperativo de adaptación para la generación de quienes no son “nativos digitales”, para quienes aún se resisten a la mediación de plataformas virtuales en la educación; pero también supone una nueva forma de exclusión que afecta a quienes no cuentan con una conectividad permanente, ya sea por no disponer del equipamiento adecuado, por el alto costo de Internet en Colombia o porque este servicio no se presta en condiciones óptimas en todas las regiones.

En la esfera política

Con motivo de la pandemia se han dado en Colombia varios casos de malversación de recursos públicos destinados a la ayuda de las personas económicamente más vulnerables (aún más en condiciones de confinamiento obligatorio). Esto puede leerse como una instrumentalización de la pandemia; no que la pandemia propicie la corrupción, pues este fenómeno está muy arraigado en la sociedad colombiana, sino más bien que la situación de emergencia ha hecho movilizar recursos que de otra manera no se habrían desbloqueado y el abuso de posiciones de poder los ha desviado de forma fraudulenta o los ha restringido a intereses políticos de ciertos grupos en una sociedad desigual y altamente polarizada. Los políticos de turno han aprovechado la coyuntura para distribuir sesgadamente las ayudas a través de redes clientelistas que ellos mismos habían establecido en las últimas elecciones regionales (2019).

En el nivel nacional la situación de emergencia ha otorgado amplias facultades al poder ejecutivo, lo que ha aprovechado el presidente Iván Duque para gobernar mediante decretos, sin vigilancia de otras instancias políticas: un verdadero estado de excepción que favorece la corrupción. El recientemente creado Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (ley 1951 de 2019 que convirtió a Colciencias en un ministerio) anunció el 25 de marzo una batería de medidas para hacer frente a la pandemia. La más polémica fue la “Mincienciatón”, una convocatoria dotada de unos 7 millones de dólares para investigadores que deben desarrollar, entre otros, dispositivos médicos o sistemas de monitoreo en tiempo real para hacer seguimiento a la pandemia (LIGA CONTRA EL SILENCIO, 2020). No se surtieron los protocolos normales en este tipo de convocatorias. Además, en julio de este año el Gobierno aprovechó para cambiar casi todo el personal de lo que era antes Colciencias, y así pagar favores con cargos a políticos simpatizantes de partido de gobierno.

REFERENCIAS:

DANE. (2020, 15 junio). DANE. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-y-desempleo consulta: 11 de julio de 2020

HERNÁNDEZ, Mario y RESTREPO, Darío. COVID-19 y salud: mutar para vivir. http://unperiodico.unal.edu.co/pages/detail/covid-19-y-salud-mutar-para-vivir/ 20 de mayo de 2020, Bogotá D.C.

LIGA CONTRA EL SILENCIO. Últimas noticias de un ministerio en emergencia. https://ligacontraelsilencio.com/2020/05/13/ultimas-noticias-de-un-ministerio-en-estado-de-emergencia/.

WORLD BANK OPEN DATA | Data. (s. f.). https://datos.bancomundial.org/. https://datos.bancomundial.org/indicador/GB.XPD.RSDV.GD.ZS?locations=CO

Los autores:

Jorge Márquez Valderrama es historiador y profesor titular de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Autor y coautor de varios trabajos publicados en Historia Ciencias Saude Manguinhos.

Cristian Camilo Rojas Obando es estudiante de Ciencia política de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín e investiga sobre la aceleración social y sobre los imperativos sociales. Ha publicado artículos, poemas y cuentos en periódicos locales.

Jorge Márquez Valderrama y Cristian Camilo Rojas Obando

* Los autores recogemos en este texto parte de las discusiones del seminario “Tiempo de epidemias en las sociedades de individuos”, realizado por medios virtuales y coordinado por Jorge Márquez entre el 29 de abril al 24 de junio 2020, como actividad del grupo de investigación Producción, Circulación y Apropiación de Saberes PROCIRCAS de la Universidad nacional de Colombia, sede Medellín.

Como citar este post:

Márquez Valderrama, Jorge; Rojas Obando, Cristian. Colombia y la instrumentalización de la pandemia de COVID-19  In: Revista História, Ciências, Saúde – Manguinhos (Blog). Publicado en 21 de julio de 2020. Accedido en [fecha].

Trabajos de Jorge Márquez Valderrama publicados en HCS-Manguinhos:

Orrego, Victoria Estrada and Valderrama, Jorge Márquez. Defensa de los derechos adquiridos: luchas y albures del ejercicio de la homeopatía en Colombia (1905-1950). Hist. cienc. saude-Manguinhos, Dic 2019, vol.26, no.4.

Estrada Orrego, Victoria, Gallo, Oscar and Márquez Valderrama, Jorge. Retórica de la cuantificación: tuberculosis, estadística y mundo laboral en Colombia, 1916-1946. Hist. cienc. saude-Manguinhos, Jun 2016, vol.23, no.2.

Estrada Orrego, Victoria and Márquez Valderrama, Jorge. Etiología parasitaria y obstáculos epistemológicos: el caso de la malaria en Colombia. Hist. cienc. saude-Manguinhos, Mar 2007, vol.14, no.1.

Márquez Valderrama, Jorge. ¿Rumores, miedo o epidemia? La peste de 1913 y 1914 en la costa atlántica de Colombia. Hist. cienc. saude-Manguinhos, Jun 2001, vol.8, no.1

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